jueves, 26 de noviembre de 2009
La doble vida de Arsenio Lupin.
Sin duda, 813 es la novela en la que Arsenio Lupin alcanza una complejidad y riqueza que lo convierten en personaje literario de primera magnitud, desbordando los moldes que hasta su aparición habían tenido los grandes protagonistas del género. Lupin es falsamente acusado de los que parece un asesinato perfecto, que en cualquier caso va más allá de la capacidad de la policía, y el únco modo que tendrá de demostrar su inocencia será poniéndose él mismo al frente de la investigación. 813, es considerada por muchos como la mejor novela de Maurice Leblanc
Editorial Edhasa
Leer 813 http://www.scribd.com/813/d/4682107
En este enlace puedes leer la continuacion de 813
http://www.scribd.com/doc/1292203/Los-Tres-Crimenes-De-Arsenio-Lupin
¡Feliz lectura!
domingo, 22 de noviembre de 2009
Arsene Lupin -pelicula-
Arsène Lupin dirigida por Jean-Paul Salomé y protagonizada por Romain Duris, Kristin Scott Thomas, Pascal Greggory, Eva Green, Robin Renucci.
ver pelicula Arsene Lupin;
http://www.dospuntocerovision.com/2009/07/arsene-lupin.html

Puedes leer en idoma frances esta aventura:
http://www.scribd.com/full/2077809?access_key=key-vorvf1ixpm3dk0qhthw
Saber más sobre el apellido Cagliostro:
http://www.scribd.com/doc/4082575/CAGLIOSTRO
viernes, 20 de marzo de 2009
La aguja hueca.
Ganimard parecía un tanto desconcertado. Isidoro lo saludó en voz muy baja, como a un colega cuyo valor se aprecia, y luego, volviéndose hacia el señor Filleul, dijo:
—¿Parece, señor juez de instrucción, que ha recibido usted buenos informes sobre mí?
—Muy buenos. En primer lugar, usted estaba, en efecto, en Veules-les-Roses en el momento en que la señorita de Saint-Verán creyó haberlo visto en el camino hondo. Nosotros averiguaremos, no lo dudo, la identidad de su sosias. En segundo lugar, usted es efectivamente Isidoro Beautrelet, alumno de retórica, y hasta un excelente alumno, de conducta ejemplar. Como el padre de usted vive en provincias, usted sale una vez por mes a casa del corresponsal de aquél, señor Bernod, quien no oculta sus elogios hacia usted.
—De modo que...
—De modo que está usted libre.
—¿Absolutamente libre?
—Absolutamente. ¡Ah!, sin embargo, pongo una pequeñísima condición. Usted comprende que yo no puedo poner en libertad a un señor que administra narcóticos, que se evade por las ventanas y al que luego detienen en flagrante delito de vagabundeo dentro de propiedades privadas, sin que a cambio de esta libertad yo obtenga una compensación.
—Yo espero lo que usted diga.
—Pues bien: nosotros vamos a reanudar nuestra interrumpida conversación, y usted va a decirme adonde ha llegado en sus investigaciones... En dos días que lleva gozando de libertad, usted debe de haber llegado muy lejos en ellas.
Ganimard se disponía a marcharse con un afectado desdén hacia aquella escena, pero el juez le dijo:
—No, no, señor inspector, su lugar está aquí... Yo le aseguro que al señor Isidoro Beautrelet vale la pena que se le escuche. Según mis informes, el señor Beautrelet se ha creado en el instituto Janson-de-Sailly una fama de observador al cual nada puede pasarle inadvertido, y, según me han dicho, sus condiscípulos le consideran como el emulo de usted, como el rival de Herlock Sholmes.
—¡De veras! —exclamó Ganimard con ironía.
—Exactamente. Uno de esos condiscípulos me ha escrito diciendo:
«Si Beautrelet declara que sabe, es preciso creerlo, y lo que él diga no dude que será la expresión exacta de la verdad.»
sábado, 14 de marzo de 2009
La condesa Cagliostro.

Puedes leer en idoma frances esta aventura:
http://www.scribd.com/full/2077809?access_key=key-vorvf1ixpm3dk0qhthw
Saber más sobre el apellido Cagliostro:
http://www.scribd.com/doc/4082575/CAGLIOSTRO
jueves, 12 de marzo de 2009
El tapón de cristal.

A toda prisa Prasville salió de su despacho. Se encontró con un cabo de la Seguridad y le dijo febrilmente: —¿Llega usted ahora? —Sí, señor secretario general.
—¿No se ha cruzado usted con un señor y una señora?
—Sí, en el patio, hace unos minutos.
—¿Reconocería usted a ese individuo?
—Creo que sí.
—Entonces, cabo, no hay un minuto que perder... Llévese con usted seis inspectores. Nos veremos en la plaza de Clichy. Haga una investigación sobre el señor Nicole y vigile la casa. El señor Nicole tiene que volver allí.
—¿Y si no vuelve, señor secretario general?
—Deténgalo. Aquí tiene una orden.
Volvió a su despacho, se sentó, y en una hoja especial escribió un nombre.
El cabo parecía alelado.
—Pero el señor secretario general me ha hablado de un tal señor Nicole.
—¿Y qué?
—La orden lleva el nombre de Arsenio Lupin.
—Arsenio Lupin y el señor Nicole no son más que un solo y mismo personaje.
lunes, 23 de febrero de 2009
¡Vaya socarronería!
viernes, 30 de enero de 2009
Primer encuentro contra Sherlock Holmes

Herlock Sholmes llega demasiado tarde.
- ¡Caramba! ¿Qué es esto? ¡Un paquete! ¿Qué significa? Pero si es para usted...
- ¿Para mí? ...
- Sí, lea:
Míster Herlock Sholmes, de parte de Arsenio Lupin.
El inglés tomó el paquete, desató la cuerda con que estaba sujeto y le quitó las dos hojas de papel en que estaba envuelto. Era un reloj.
- ¡Oh! -dijo, acompañando esa exclamación con un gesto de cólera...
- ¡Un reloj! -dijo Devanne-. ¿Es que acaso...?
El inglés no respondió.
- Pero ¡si es el reloj de usted! ¡Arsenio Lupin os devuelve vuestro reloj! Pero si os lo manda es porque os lo había quitado... ¡Os había quitado vuestro reloj! ¡Ah! ¡Qué jugada! El reloj de Herlock Sholmes escamoteado por Arsenio Lupin. ¡Dios! ¡Qué gracia tiene! No, en verdad..., me perdonará usted..., pero esto es más fuerte que yo mismo...
Y cuando ya rió bastante, afirmó con un tono de convencimiento:
- ¡Oh! Es un hombre, todo un hombre, en efecto...
El inglés se mantuvo silencioso. Hasta Dieppe no pronunció ni una sola palabra. Iba con los ojos constantemente puestos en el horizonte huidizo. Su silencio fue terrible, insondable, más violento que la rabia más feroz. En el desembarcadero dijo simplemente, ahora ya sin cólera, pero con un tono en el que se percibía toda la voluntad, toda la energía del personaje:
- Sí, es todo un hombre, y un hombre sobre el hombro del cual yo experimentaría un gran placer en colocar la mano que le tiendo a usted, señor Devanne. Y tengo la idea, vea usted, de que Arsenio Lupin y Herlock Sholmes se encontrarán de nuevo un día u otro... Sí, el mundo es demasiado pequeño para que ellos no vuelvan a encontrarse..., y ese día...
sábado, 24 de enero de 2009
Dentro del linaje: Desprecio a las personas que roban a los pobres.

Un ladrón belga sospechoso de 583 robos en castillos, casas señoriales y mansiones, Yves Beaupain, está escribiendo una guía que recoge las 501 casas más “interesantes” desde su punto de vista, informa hoy el diario “La Dernière Heure”.
viernes, 23 de enero de 2009
813.

Y todo eso fue dicho, impreso, repetido, comentado y remachado. El prefecto de Policía recibió la condecoración de la Cruz de Comendador, y el señor Weber, la Cruz de Caballero. Se exaltó la habilidad y el valor de sus modestos colaboradores. Se aplaudió. Se cantó victoria. Se escribieron artículos y se pronunciaron discursos.
Sea. Pero, no obstante, hubo algo que dominaba ese maravilloso concierto de elogios, esa alegría trepidante, y fue una risa loca, enorme, espontánea, inextinguible y tumultuosa.¡Arsenio Lupin, desde hacía cuatro años, era el jefe de la Seguridad!Y lo era desde hacía cuatro años. Lo era en la realidad, legalmente, con todos los derechos que ese título confiere, y con la estima de sus jefes, el favor del Gobierno y la admiración de todo el mundo.
Desde hacía cuatro años, la tranquilidad de los ciudadanos y la defensa de la propiedad habían estado confiados a Arsenio Lupin. Éste velaba por el cumplimiento de la ley. Protegía al inocente y perseguía al culpable.
¡Y qué servicios había prestado! Jamás el orden se había visto menos turbado, ni nunca el crimen había sido descubierto con mayor seguridad y más rapidez. Recuérdese, si no, el asunto Denizou, el robo del Banco Crédit Lyonnais, el ataque al rápido de Orleáns, el asesinato del barón Dorf... O sea, otros tantos triunfos imprevistos y fulminantes como el rayo y otras tantas proezas que podrían compararse con las más célebres victorias de los más ilustres policías.
En otra época, en uno de sus discursos con motivo del incendio del Louvre y la captura de los culpables, el presidente del Consejo, Valonglay, para defender la forma un poco arbitraria en que el señor Lenormand había procedido, exclamó:
—Por su clarividencia, por su energía, por sus cualidades de decisión y de ejecución, por sus procedimientos inesperados, por sus recursos inagotables, el señor Lenormand nos recuerda al único hombre que, si hubiera vivido todavía, le hubiese podido hacer frente, es decir, Arsenio Lupin. El señor Lenormand es un Arsenio Lupin al servicio de la sociedad.
Y he aquí que, en realidad, el señor Lenormand no era otro sino el propio Arsenio Lupin.El que fuese un príncipe ruso importaba poco. Lupin estaba acostumbrado a esas metamorfosis. Pero ¡que fuese jefe de Seguridad! ¡Qué encantadora ironía! ¡Qué fantasía en la conducción de esta vida extraordinaria entre las más extraordinarias!
¡El señor Lenormand! ¡Arsenio Lupin!¡Qué gran comedia! ¡Qué admirable bluff!. ¡Qué farsa monumental y reconfortante en nuestra época de abulia. A pesar de estar prisionero, a pesar de estar vencido irremediablemente, Lupin, no obstante, era el gran vencedor. Desde su celda irradiaba su personalidad sobre París. Ahora más que nunca era el ídolo, más que nunca el amo y señor.
viernes, 16 de enero de 2009
El detective ingles contra el ladrón frances.

-Si la voluntad y la obstinación de otro hombre no oponen a ese designio un obstáculo invencible, señor Sholmes.
-No hay obstáculo invencible, señor Lupin.
La mirada que cruzaron fue profunda; sin provocación de una parte ni de otra, sino tranquila y animosa. Era el batir de dos espadachines que empuñan el acero. Sonaba claro y franco.
-¡Estupendo! -exclamó Lupin-. ¡Ya es algo!
-Casi, señor Watson, y la prueba -dijo Lupin, levantándose de su asiento- es que voy a apresurarme a preparar mi retirada..., sin lo cual estoy en peligro de caer en la trampa. Así pues, quedamos dentro de diez días, ¿no, señor Sholmes?
-Diez días. Estamos a domingo. Ocho después del miércoles, y todo habrá terminado.
-¿Y estaré tras los barrotes?
-Sin el menor género de duda.
-¡Caray! Yo, que me solazaba con mi vida tranquila... Ninguna preocupación, unos pequeños negocios, la Policía al diablo y la reconfortante sensación de la universal simpatía que me rodea... ¡Y va a ser preciso cambiarlo todo! En fin, es el reverso de la medalla... Después de la calma, la tempestad... Ahora ya no hay que reírse. ¡Adiós!
-Dése prisa –exclamó Watson, lleno de solicitud
-Ni un minuto, señor Watson; solamente el tiempo de decirle lo feliz que me siento de haberlo conocido, y cuánto envidio al maestro por tener un colaborador tan valioso como usted.
Se saludaron cortésmente, como hacen en el terreno del honor dos adversarios a los que no separa odio alguno, pero que el destino obliga a batirse sin merced. Y Lupin, cogiéndome del brazo, me arrastró afuera.
-¿Qué dice usted a esto, querido? He aquí una comida cuyos incidentes harán buen efecto en las memorias que usted prepara sobre mí.
Cerró la puerta del restaurante y, deteniéndose a unos pasos, preguntó:
-¿Fuma usted?
-No, ni usted tampoco", me parece.
-Yo tampoco.
Encendió un cigarrillo con un fósforo de Bengala que agitó varias veces para apagarlo.
Pero, tan pronto como tiró el cigarro, atravesó corriendo la calzada y se unió a dos hombres que acababan de surgir de la sombra, como llamados por una señal. Se entretuvo unos instantes con ellos en la acera de enfrente y luego volvió a mi lado.
-Le ruego que me perdone. Ese diablo de Sholmes va a darme mucho que hacer. Pero le aseguro que no ha terminado todavía con Lupin... ¡Ah, ya verá el inglés de qué madera estoy hecho!... Hasta la vista... El inefable Watson tiene razón. No tengo ni un minuto que perder.
Se alejó a buen paso.
Así terminó aquella extraña velada o, por lo menos, parte de aquella velada en la que me vi mezclado. Porque durante las horas que siguieron sucedieron muchos otros acontecimientos que las confidencias de los demás participantes de esta comida me han permitido, afortunadamente, reconstruir en todos sus detalles.
En el mismo instante en que me dejaba Lupin, Herlock Sholmes sacaba el reloj y se levantaba de su asiento.
-Las nueve menos veinte. A las nueve debo encontrarme en la estación con los condes de Crozon.
-¡En marcha! -exclamó Watson, después de haberse bebido de un trago dos vasos de whisky seguidos.
Salieron.
-Watson, no vuelva la cabeza... Quizá nos sigan; en tal caso, actuemos como si eso no nos importara... Dígame, Watson, ¿por qué se encontraba Lupin en ese restaurante? Déme su opinión.
-Para comer.
- cuanto más trabajamos juntos más cuenta me doy de la continuidad de sus progresos. Palabra que cada vez se hace más asombroso.
En la sombra, Watson se ruborizó de placer, y Holmes continuó:
-Para comer, exacto, y además para asegurarse si voy a Crozon efectivamente, como anuncia Ganimard en su entrevista. Voy allá, pues, a fin de no contrariarlo. Pero como se trata de ganarle tiempo, no voy... Usted, amigo mío, siga por esta calle, tome un coche, dos, tres coches. Regrese más tarde a buscar las maletas que hemos dejado en consigna, y al galope al Elysée-Palace.
-¿Al Elysée-Palace?
Un sola voluntad... la de Lupin.

miércoles, 14 de enero de 2009
¡ El cielo es ser niño y leer a Maurice Leblanc!
Cien años han pasado desde que Maurice Leblanc publicó la primera historia de Arsenio Lupin (El arresto de Arsenio Lupin) en la edición del 6 de julio de la revista Je sais tout. No contento con hurtar la atención del pueblo francés durante las cuatro décadas siguientes –hasta la muerte de Leblanc, en 1941– Lupin siguió haciendo de las suyas (hasta el punto de que cinco novelas de Lupin aparecieron después de la muerte del mismo Leblanc, no póstumas: escritas por alguien más).
Arsenio Lupin es un auténtico mito francés, no menos concreto que la Bovary, Rastignac, o Julián Sorel.Por fortuna, la longevidad del mito asegura de alguna forma la longevidad del autor. Maurice Leblanc es considerado con respeto hoy en día. No solamente como un escritor popular de cuidado, sino a menudo es respetado como un escritor culto, de prosa estupenda, y de una imaginación desbordante.
Los relatos de Arsenio Lupin nos hacen soñar. ¿Quién no quiere ser Arsenio Lupin, en verdad? Solamente los mojigatos. Lupin es un arquetipo, un ideal próspero de la personalidad. Culto, libre, sentimental. ¿Son rasgos de Leblanc? Los comprendió al menos –eso ninguna duda– y los explotó literariamente con una precisión psicológica incomparable. Maestro del tour de force policíaco, sus tramas no envejecen hasta la fecha, y tampoco su estilo.
Entre leer una novela de Leblanc y un capítulo de CSI –dirigido por Tarantino y todo– optamos por lo primero, o somos unos ineptos.Et oui. Leblanc (cuñado por cierto del Premio Nóbel Maurice Maeterlinck) reside en ese raro limbo reside dónde lo culto y lo popular se encuentran, dónde las aguas dulces y saladas confluyen, se reconcilian, se funden. Es un talento encomiable, el suyo. Dan ganas de saber más acerca de este maravilloso autor, este raro espécimen francés.La existencia de Leblanc fue más bien tranquila, más bien discreta, no se parece mayormente a la de su héroe. Es cierto que los dos alcanzaron la popularidad: ambas famas son producto de una estrecha colaboración, de hecho: una colaboración más bien parasitaria. Cuando Leblanc quiso escribir libros más allá de la serie Lupin, éste lo obligó a volver su vista sobre él, como un hipnotista, dictándole nuevas aventuras (“Soy su sombra”, diría Leblanc).
Cuando Lupin quiso vivir en paz su fortuna, nuevas episodios le fueron impuestos por Leblanc, acaso en tono de venganza.Leblanc, de cuna burguesa, nació en Rouen (1864–1941), compartiendo su sitio de origen con Flaubert, nada menos, y también normando como Maupassant. Esto es de suma importancia. Leblanc es un escritor de provincias, pero goza del ejemplo de estos dos titanes: sueña.Esta geografía normanda habría dejar su huella en Leblanc, y en sus libros.
En ese sentido Leblanc no puede ser sino un autor francés. Hoy el interesado podrá visitar su residencia de Etretat –el clos Lupin– que se ha convertido en museo.Siendo joven, sin embargo, Leblanc tuvo cierta prisa por salir de Rouen –alejarse del negocio familiar: construcción de navíos– y dirigirse a Paris, en busca de gloria literaria. Ésta habría de llegarle en forma de encargo, varios años después. En efecto, al momento de publicar El arresto de Arsenio Lupin, Leblanc tenía cuarenta años (para entonces, ya había escrito varias cosas, y se había convertido en un periodista “muy parisino”). Luego la Legión de Honor, y todo el resto.
Para Leblanc El arresto de Arsenio Lupin no era más que eso: un encargo. Pero su editor, Pierre Laffite, lo incitó a seguir las aventuras de este héroe destinado a rivalizar con el mismo Sherlock Holmes (a quién Leblanc introdujo en sus libros con el nombre de Herlock Sholmès, cambiándole el nombre por razones de autoría). Había algo de profundamente moderno en este folletín que hizo que les gustara a las masas, que querían ser absolutamente modernas.
Lupin es un producto de la belle époque, aunque terminó dejándola atrás, como a otras bellas damas. Ésta dama en particular envejeció sin gracia: no tenía los secretos de la Cagliostro. Una treintena de libros de la serie Lupin se apilaron en la bibliografía de Leblanc, dejando constancia de una inventiva inacabable, que siempre desafió el hastío y la repetición, sin perder por ello su identidad. Pero Leblanc –es sabido– sufrió las consecuencias. Nos dice Juan José Millás en un apéndice que hizo a El tapón de cristal: “Las relaciones entre un autor y sus personajes son siempre complicadas, pero pueden alcanzar grados de locura cuando se sospecha que tal o cual personaje va a desangrarnos en beneficio propio.
”Todos esos libros de Leblanc son prueba de una gran musicalidad, y el resultado de una labor literaria en el sentido más entregado de la palabra. Fue un escritor muy cuidadoso. Por otra parte, es de sospechar que la prisa y la exigencia de una literatura hecha por encargo habrían de darle, al parecer, una cierta fluidez, un sentido de la fuga, un ritmo veloz, consecutivo, mordedor, más incauto.
Es un gusto leer los libros de Leblanc, por supuesto. Leblanc concita juegos muy interesantes con el narrador, juegos claves para construir la expectación del relato. Se trata de estrategias narrativas muy novedosas para su época.Es por eso –por el brillante genio de Leblanc, y su incisivo humor– que Arsenio Lupin compite sin problemas con sus adversarios literarios y compatriotas más renombrados: el deductivo Rouletabille de Gaston Leroux (Leblanc tuvo el genio de colocarlo veladamente en su novela L´aiguille creuse, bajo el nombre de Isidore Beautrelet); o el famoso Maigret de Simenon.
Y sin embargo, no es fácil identificarse con el rostro de Lupin –porque justamente no tiene rostro. Leblanc se cuidó mucho de no darle ningún cariz definitivo, de no fundirlo en ninguna descripción. De Leblanc conservamos varias fotos, en dónde aparece con grandes bigotes espesos. A pesar de esto, sentimos más cercana la presencia de Lupin que la del mismo Leblanc. En la guerra Leblanc vs. Lupin, éste sale ganando.
Leblanc intentó escribir cosas más allá de la serie Lupin: nunca lograron trascender.Lupin, en cambio, está muy bien conservado: es una Auténtica Honra Francesa, un Verdadero Tesoro Francófono, un 100% Vive La France Forever. Durante la primera guerra mundial, el personaje incluso se volvió medio patriota, dejando de lado sus orígenes anarquistas (como lo haría el mismo Leblanc, quién ha sido llamado “anarquista de poltrona”). No era para menos: después de todo, Francia nos ha dado el ladrón más chocante de todos: François Villon.
Las aventuras de Lupin transcurren en sitios perfectamente franceses, se trate de la provincia (el país de Caux) o de la ciudad. La famosa Aiguille Creuse en verdad existe, en Normandía, aún si no está hueca por dentro.Y ciertamente, no es el norteamericano Robert Langdon –el ya célebre personaje de El Código Da Vinci– el primer policía de antiguos secretos enterrados. Muchas décadas antes, Leblanc había establecido las leyes de este juego de hacer converger ficción y tradición histórica en un fondo misterioso o esotérico (con los criptogramas de rigor) para potenciar así sus tramas con un tono de excitante verosimilitud. ¡Lupin es el más grande detective de la Historia! ¡El candelabro de siete brazos, la fortuna de los reyes de Francia…!Algo más que un simple ratero
¿Por qué Lupin goza de semejante continuidad? ¿Quién diablos es Arsène Lupin?Empecemos por su apariencia física. La primera imagen que se nos presenta: un hombre con capa, bastón, sombrero, y monóculo. ¡Alto! ¿Es ésta la apariencia real de Lupin? ¡Mil veces no! Las primeras ediciones de las historias de Arsène Lupin fueron publicadas en Je sais tout. Las portadas (geniales) estuvieron a cargo de Léo Fontan, quién tuvo a bien darle una apariencia (casi un uniforme) al hombre de las mil apariencias. De alguna forma, ésta es el aspecto que ha quedado para la posteridad: ya saben, la elegancia infinita, la sonrisa cáustica. ¡Raro fenómeno éste de la colaboración!
Pero no hay que confundir la percepción del ilustrador con la verdad literaria. Leblanc jamás nos ofrece un retrato firme de Lupin: todo lo contrario, nos hunde en una masa de trazos ambiguos. Lupin es un personaje morfológicamente encriptado.Es mejor delinear el aspecto interno de Lupin. Sabemos que es una especie de Robin Hood del siglo XX. Roba a los execrables de la sociedad, para dar a los pobres. Defiende justicieramente a las damas en problemas. No matar es su consigna. En fin, un hombre moral, salvo por una cosa: se mueve en la sombra. Pero esta nocturnidad lo protege.
Puesto que ser silencioso es la única manera de no ser moralista.Por otro lado, con Lupin –y aunque él no lo sepa– principia la progresiva marginalización de la figura del detective, que habría de desembocar en la figura del detective decadente, o el superhéroe atrapado en su propia secretividad neurótica (Lupin prefigura a Batman en demasiadas cosas). Pero en Lupin todavía no hay nada de decadente, ni de enfermo: es sólo que ya no se mueve en los límites legales de la sociedad Al contrario, Lupin es un vitalista que se ha despojado del cinturón de castidad de las formas sociales. Un vitalista: un atleta. Maestro de jiu–jitsu, vegetariano.
Por lo menos, lo imaginamos distinto a un redondo Poirot, a un alcohólico Marlowe. Es flexible.Lupin transgresor. ¿Amoral? ¿Indiferente? Nunca. ¿Inmoral? Si la hipocresía es la peor de todas las inmoralidades, entonces Lupin es, por el contrario, Santo. En tal sentido, se enmascara para desenmascarar. En este sentido, se disfraza para desnudar. Es como un fantasma con pase VIP: criatura de la noche, siempre captura al malhechor en sus peores y más fraudulentos momentos. A la vista de lo cuál se indigna, pero con calma, con humor: Lupin es hijo de la Gracia.
Siendo hijo de la Gracia, se deja inundar –penetrar– por arrebatos sentimentales. Un hombre impulsivo, que ha tenido serias relaciones con mujeres deslumbrantes. Es el Seductor, pero también es el Seducido.Nuevas contradicciones. Hay por un lado un culto de parte de Lupin a la ironía, siendo ésta insolente, osada, temeraria, indiferente, etcétera (“La insolencia era fundamental en el atractivo de Oscar Wilde”, nos dice Robert Greene en ese libro divertido, El arte de la seducción), y por el otro Lupin profesa un respeto casi incondicional a lo virginal, lo puro, lo intocado, lo huérfano, lo femenino en su sentido mítico, lo vivo y lo inocente.
Leblanc ha creado un ser humano arquetípico, es decir un hombre contradictorio esencial, esto es: un héroe. ¿Qué hace de Lupin un héroe? El continúo trasvase del amor al cinismo, y del cinismo al amor. Lupin está en perpetua fuga: es un Ladrón. Y todo este complejo huir de un lado al otro, y del otro a éste, lo magnetiza, lo empodera. Nos encontramos con el principio mismo de la fricción. Pero la fricción de Lupin es sobre seda.En efecto, Lupin es un esteta. Un dandi. Un conquistador (prefigura asimismo a James Bond). Su mayor arma es la fascinación.
Es fascinante. Siendo ladrón, es bello. “Le dandysme est le dernier éclat d'héroïsme dans les décadences”, nos dice Baudelaire. ( “El dandismo es el último destello de heroísmo en las decadencias”.) Lupin es un bon–vivant, conocedor de arte, lector de clásicos, de gusto fino y superior (podemos imaginarlo muy cómodo en su automóvil Hispano–Suiza). Sus robos son diseños impecables. Ladrón de guante blanco, roba villas y mansiones, dejando notas sutiles a sus víctimas. Notas como ésta:“Señor baron, hay en la galería que reúne sus dos salones, una pintura de Philippe de Champaigne de excelente factura y que me gusta infinitamente. Sus Rubens son también de mi gusto, así como su pequeño Watteau. En el salón de la derecha, noto un mobiliario Louis XIII (…) P.S. –Sobre todo no me envíe el más grande los Watteau. Aunque haya pagado treinta mil francos por él en el Hotel de las Ventas, no es más que una copia, el original fue quemado, en época del Directorio, por Barras, en una noche de orgía. Consulte las Memorias inéditas de Garat. No me interesa tampoco el broche Louis XV cuya autenticidad me parece dudosa.” (Traducción libre.)
En Lupin se conjugan razón y olfato, deducción y clarividencia. Es un hombre totalmente despierto. Sabe usar todos los recursos –materiales o psicológicos– que se hallan a su alrededor. Es profundamente práctico. Todos, hombres, mujeres por igual, son absorbidos por los modales de Lupin, que para mientras, a sus espaldas, les está robando. Lupin es un ilusionista cuya ilusión es la elegancia. Se sirve de la elegancia para desviar la atención de sus víctimas.¿Clarividencia, hemos dicho? Sí: hay algo de sobrenatural en Lupin, ciertamente. Es como si fuera un mago. Un hechicero que cambia de forma a cada instante. Lupin el proteico.
Soy el que No Soy, nos dice constantemente. Admitamos que la elegancia es un rasgo de Lupin. Ello no nos dice mucho. Puesto que la elegancia no es más que apariencia. Suyo es el arte de cambiar de rostro, de fisonomía, de personalidad. Raoul d’Andrésy, Maxime Bermond, Horace Velmont, Jean Daspry, Désiré Baudru, Chevalier Floriani, Capitaine Janniot, Guillaume Berlat, Michel Beaumont, M. Nicole, Jacques d’Emboise, Paul Daubreuil, Étienne de Vaudreix, Baron Anfredi, Louis Valméras, Baron Raoul de Limézy, Prince Paul Sernine, Don Luis Perenna, Jim Barnett, Baron Jean d’Enneris, Raoul d’Avenac… Sólo algunas de las identidades de Lupin. “Todo lo que es profundo ama el disfraz. Todo espíritu profundo tiene necesidad de una máscara”, nos comenta Nietzsche.
Cuarenta y siete identidades en total. Lupin muere y renace en cada una de ellas.Siendo tantas personas a la vez, la biografía de Lupin, nacido en 1874, es algo enredada. Imposible resumirla aquí. Lo mejor es consultarla directamente en internet. Una versión en inglés es hallable en la siguiente dirección: www.coolfrenchcomics.com/arsenelupintimeline.htm Si bien aún está por hacerse una versión televisiva o cinematográfica concluyente sobre la figura de Arsene Lupin, éste ha gozado de una cierta prosperidad en los medios que bien vale la pena referir. En la televisión, se han concretizado por lo menos cuatro proyectos serios, entre series y folletines.
Podemos hablar de por lo menos diez radioadaptaciones de envergadura en Francia solamente, y otras tantas de teatro, y un resto de películas (de Jacques Becker, Yves Robert, entre otros), la primera datando de 1914, y la última –la más ambiciosa– estrenándose el año pasado: se trata del esperado filme del director francés nacido en 1960 Jean–Paul Salomé, con Romain Duris (CQ), Kristin Scott Thomas (Gosford Park, The English Patient), Pascal Gregory (Juana de Arco), que sin embargo sufrió la indignación general y el embate despiadado de la crítica francesa.
Muy gustosa una reseña en particular, de un tal Yannick Vély. En un momento, dice:
“Hay algo de podrido en el reino del cine de tipo francés, como una putrefacción general que condena las distintas tentativas al fracaso artístico.” Dicho esto, la película es uno de los grandes blockbusters franceses de los últimos tiempos.
Lupin también ha sido recreado por dibujantes muy talentosos, empezando por el ya mencionado Léo Fontan. M.Toussaint, R.Broders ou M.Orazi fueron otros de sus ilustradores. Podemos mencionar asimismo a Marc Berthier, para Gallimard.Entre los cómics, mencionaremos los de Cheylard/Bourdin, los de Blondeau, los de Gilles/Cado, y finalmente los de Duchateau/Géron.En animación, nos encontramos con Les exploits d´Arsène Lupin, de Francois Bresson y Pascal Morelli. Así como el anime japonés Lupin III, extremadamente popular, acerca del nieto de Arsène Lupin.
A cien años de haber nacido, Arsène Lupin, por lo visto, se encuentra muy bien de salud. ¡Las virtudes de ser vegetariano!
sábado, 10 de enero de 2009
Gran seductor

Primera publicación: El arresto de Arsenio Lupin

Pero Lupin es pura energía, exaltación del ideal francés del caballero seductor y aventurero; no es un Robin Hood pero tampoco un criminal asesino como es el caso de Fantomas. Roba, sí, miente, sí, engaña, sí, pero sin derramar una gota de sangre, y es capaz de arriesgarlo todo por una causa que lo valga.
Hay un secreto de verdad oculto tras el pensamiento folletinesco, y es que justamente no oculta su intención, la expone como un sentimiento embriagador, mezcla de trágica condición humana frente a un mundo de penalidades por la causa que entonces lo gobierna, la aventura es su verdadera y única religión. -Christian Busquier-.
Maurice Leblanc acabó sus días obsesionado con Arsenio Lupin, hasta el punto de firmar con ese nombre en el libro de visitas de un restaurante.

Arsenio Lupin: Me sigue a todas partes
Año de producción: 1957
Dirección: Jacques Becker
Intérpretes: Robert Lamoureux, Liselotte Pulver, O.E. Hasse, Daniel Ceccaldi, Georges
Chamarat, Huguette Hue, Renaud Mary, Sandra Milo, Paul Muller, Jacques Becker.
Guión: Jacques Becker, Albert Simonin
Música: Jean-Jacques Grünenwald
Fotografía: Edmond Séchan
Duración: 104 min.
Un ladrón francés
Arsenio Lupin es un célebre ladrón francés de guante blanco, que se esconde con la identidad del Duque de Charmerace. Creado por los escritores Maurice LeBlanc y Francis de Croisset, el cine le tomó cariño desde la época muda, aunque adquirió protagonismo en el sonoro con su trilogía norteamericana formada por Arsenio Lupin (1932), El regreso de Arsenio Lupin (1937) y Enter Arsène Lupin (1944).
Jacques Becker le devolvió el protagonismo con este largometraje donde Lupin es secuestrado por el Kaiser de Alemania Guillermo II, con objeto de que robe para él una valiosa joya situada en un lugar secreto. Colorista y divertido, el film cuenta con las clásicas dosis de aventura, suspense y romance, aderezada con un lujoso diseño de producción a tono con la sofisticación del personaje. A partir de aquí, Francia le devolvería a la vida fílmica a través de Arsenio Lupin contra Arsenio Lupin (1962), diferentes series de televisión durante los años 70, 80 y 90, y con la modernista e insufrible Arsène Lupin del 2004.
Maurice Leblanc
