sábado, 22 de septiembre de 2012

¡Glup un Lupin en Filipinas! de graduado de escuela secundaria a Lupin.



Lupin




Las desventuras de Lupin (Richard Gutiérrez) empiezan cuando su padre un rico hombre de negocios lo encuentran muerto. Andre Lupin es criado por un hombre llamado Duroy (Tirso Cruz II). Que le trata como a un hijo. Lupin crece hasta convertirse en uno de los mejores ladrones de la ciudad. A pesar de ser un graduado de escuela secundaria, sigue siendo extremadamente inteligente. Se convierte en un magnate de los negocios durante el día y un experto ladrón de noche, un ser con ingenio y encanto, que son sus armas.





 


 



miércoles, 12 de septiembre de 2012

martes, 11 de septiembre de 2012

Un ladrón caballero


Arsène Lupin






Ilustración del retrato  del actor francés   Georges escrières de la famosa serie de televisión  de los años 70 dando vida a Lupin






martes, 4 de septiembre de 2012

El ultimo amor de Arsenio Lupin novela olvida en un armario



Con motivo del 70 aniversario de la desaparición del famoso escritor, su familia le ofrece a los lectores esta novela donde todos encontrarán la magia y la elegancia de uno de los grandes héroes de la novela negra. La nieta afirma "A veces los armarios contienen tesoros olvidados. Así que encontré, sin buscar, esta novela de la imaginación de mi abuelo Maurice Leblanc hacia el final de su vida"







"El año pasado, me encontré por casualidad en la parte superior de un armario, un texto inédito de mi abuelo", reveló Florencia Boespflug Leblanca ."Su biógrafo, Jacques Derouard (Jacques Derouard ) sabía de su existencia y me convenció para publicarlo. "Este es el último amor de Arsène Lupin, la última aventura" , escrito durante el verano de 1936 pero permaneció inédito porque su autor, quien sufrió un derrame cerebral, fue incapaz de hacer los cambios que sentía eran necesarios Leblanca era conocido por su meticulosidad. A pesar de que no está del todo terminada la novela, se descubre en ella a un Arsenio Lupin moderno y romántico. 


En esta novela se dice: El honor, la valentía, la generosidad,  la elegancia y el humor están presentes, como de costumbre  Solo que la personalidad de este ladrón se desliza por primera vez en la piel de un educador de niños pobres, marginados. En este papel, él hará todo lo posible para evitar que los enemigos misteriosos, se apoderen de un valioso libro, sin dejar de  enamorar a la bella Lerna Cora.


Hay quien afirma que la novela es pésima, de un sentimentalismo insufrible Que el autor de Lupin jamas escribió este bodrio,y que en ella nunca aparece la esencia de Lupin y que con este intento tan mediocre sólo se insulta la memoria de Mauricio Leblanc.

Para los lectores de Lupin.







Leer: 

El Tapón de Cristal  http://es.scribd.com/doc/68308437/Arsenio-Lupin-El-Tapon-de-Cristal

La Condesa de Cagliostro http://es.scribd.com/doc/68309395/Arsenio-Lupin-La-Condesa-de-Cagliostro

La Aguja Hueca http://es.scribd.com/doc/68306535/Arsenio-Lupin-La-Aguja-Hueca

Ladrón Caballero http://es.scribd.com/doc/68306497/Arsenio-Lupin-El-Ladron-Caballero



domingo, 2 de septiembre de 2012

L´Ile aux 30 cercueils


L´Ile aux 30 cercueils
Guión y dibujo: Marc Lizano
Editorial: Soleil Productions. 96 páginas.
A la venta en Francia a partir del 23 de diciembre de 2012

A finales de diciembre llega a la librerías francesas la última obra de Marc Lizano“L´Ile aux 30 cercueils” (“La isla con 30 ataúdes”). El cómic es la adaptación de la novela de Maurice Leblanc (creador de Arsène Lupin) y nos cuenta las aventuras de Verónica d’ Hergemont en busca de su padre y su hijo, desaparecidos y declarados muertos.

martes, 21 de agosto de 2012

Si la hipocresía es la peor de todas las inmoralidades, entonces Lupin es, por el contrario, Santo.


¡Arsenio Lupin! Aquí mi homenaje al famoso ladrón, en su centenario. Publicado en El Periódico: http://www.elperiodico.com.gt/es/20050710/14/17836/

Cien años han pasado desde que Maurice Leblanc publicó la primera historia de Arsenio Lupin (El arresto de Arsenio Lupin) en la edición del 6 de julio de la revista Je sais tout. No contento con hurtar la atención del pueblo francés durante las cuatro décadas siguientes –hasta la muerte de Leblanc, en 1941– Lupin siguió haciendo de las suyas (hasta el punto de que cinco novelas de Lupin aparecieron después de la muerte del mismo Leblanc, no póstumas: escritas por alguien más).

Arsenio Lupin es un auténtico mito francés, no menos concreto que la Bovary, Rastignac, o Julián Sorel.Por fortuna, la longevidad del mito asegura de alguna forma la longevidad del autor. Maurice Leblanc es considerado con respeto hoy en día. No solamente como un escritor popular de cuidado, sino a menudo es respetado como un escritor culto, de prosa estupenda, y de una imaginación desbordante.

Los relatos de Arsenio Lupin nos hacen soñar. ¿Quién no quiere ser Arsenio Lupin, en verdad? Solamente los mojigatos. Lupin es un arquetipo, un ideal próspero de la personalidad. Culto, libre, sentimental. ¿Son rasgos de Leblanc? Los comprendió al menos –eso ninguna duda– y los explotó literariamente con una precisión psicológica incomparable. Maestro del tour de force policíaco, sus tramas no envejecen hasta la fecha, y tampoco su estilo.

Entre leer una novela de Leblanc y un capítulo de CSI –dirigido por Tarantino y todo– optamos por lo primero, o somos unos ineptos.Et oui. Leblanc (cuñado por cierto del Premio Nóbel Maurice Maeterlinck) reside en ese raro limbo reside dónde lo culto y lo popular se encuentran, dónde las aguas dulces y saladas confluyen, se reconcilian, se funden. Es un talento encomiable, el suyo. Dan ganas de saber más acerca de este maravilloso autor, este raro espécimen francés.La existencia de Leblanc fue más bien tranquila, más bien discreta, no se parece mayormente a la de su héroe. Es cierto que los dos alcanzaron la popularidad: ambas famas son producto de una estrecha colaboración, de hecho: una colaboración más bien parasitaria. Cuando Leblanc quiso escribir libros más allá de la serie Lupin, éste lo obligó a volver su vista sobre él, como un hipnotista, dictándole nuevas aventuras (“Soy su sombra”, diría Leblanc).

Cuando Lupin quiso vivir en paz su fortuna, nuevas episodios le fueron impuestos por Leblanc, acaso en tono de venganza.Leblanc, de cuna burguesa, nació en Rouen (1864–1941), compartiendo su sitio de origen con Flaubert, nada menos, y también normando como Maupassant. Esto es de suma importancia. Leblanc es un escritor de provincias, pero goza del ejemplo de estos dos titanes: sueña.Esta geografía normanda habría dejar su huella en Leblanc, y en sus libros.
En ese sentido Leblanc no puede ser sino un autor francés. Hoy el interesado podrá visitar su residencia de Etretat –el clos Lupin– que se ha convertido en museo.Siendo joven, sin embargo, Leblanc tuvo cierta prisa por salir de Rouen –alejarse del negocio familiar: construcción de navíos– y dirigirse a Paris, en busca de gloria literaria. Ésta habría de llegarle en forma de encargo, varios años después. En efecto, al momento de publicar El arresto de Arsenio Lupin, Leblanc tenía cuarenta años (para entonces, ya había escrito varias cosas, y se había convertido en un periodista “muy parisino”). Luego la Legión de Honor, y todo el resto.

Para Leblanc El arresto de Arsenio Lupin no era más que eso: un encargo. Pero su editor, Pierre Laffite, lo incitó a seguir las aventuras de este héroe destinado a rivalizar con el mismo Sherlock Holmes (a quién Leblanc introdujo en sus libros con el nombre de Herlock Sholmès, cambiándole el nombre por razones de autoría). Había algo de profundamente moderno en este folletín que hizo que les gustara a las masas, que querían ser absolutamente modernas.

Lupin es un producto de la belle époque, aunque terminó dejándola atrás, como a otras bellas damas. Ésta dama en particular envejeció sin gracia: no tenía los secretos de la Cagliostro. Una treintena de libros de la serie Lupin se apilaron en la bibliografía de Leblanc, dejando constancia de una inventiva inacabable, que siempre desafió el hastío y la repetición, sin perder por ello su identidad. Pero Leblanc –es sabido– sufrió las consecuencias. Nos dice Juan José Millás en un apéndice que hizo a El tapón de cristal: “Las relaciones entre un autor y sus personajes son siempre complicadas, pero pueden alcanzar grados de locura cuando se sospecha que tal o cual personaje va a desangrarnos en beneficio propio.

”Todos esos libros de Leblanc son prueba de una gran musicalidad, y el resultado de una labor literaria en el sentido más entregado de la palabra. Fue un escritor muy cuidadoso. Por otra parte, es de sospechar que la prisa y la exigencia de una literatura hecha por encargo habrían de darle, al parecer, una cierta fluidez, un sentido de la fuga, un ritmo veloz, consecutivo, mordedor, más incauto.

Es un gusto leer los libros de Leblanc, por supuesto. Leblanc concita juegos muy interesantes con el narrador, juegos claves para construir la expectación del relato. Se trata de estrategias narrativas muy novedosas para su época.Es por eso –por el brillante genio de Leblanc, y su incisivo humor– que Arsenio Lupin compite sin problemas con sus adversarios literarios y compatriotas más renombrados: el deductivo Rouletabille de Gaston Leroux (Leblanc tuvo el genio de colocarlo veladamente en su novela L´aiguille creuse, bajo el nombre de Isidore Beautrelet); o el famoso Maigret de Simenon.

Y sin embargo, no es fácil identificarse con el rostro de Lupin –porque justamente no tiene rostro. Leblanc se cuidó mucho de no darle ningún cariz definitivo, de no fundirlo en ninguna descripción. De Leblanc conservamos varias fotos, en dónde aparece con grandes bigotes espesos. A pesar de esto, sentimos más cercana la presencia de Lupin que la del mismo Leblanc. En la guerra Leblanc vs. Lupin, éste sale ganando.

Leblanc intentó escribir cosas más allá de la serie Lupin: nunca lograron trascender.Lupin, en cambio, está muy bien conservado: es una Auténtica Honra Francesa, un Verdadero Tesoro Francófono, un 100% Vive La France Forever. Durante la primera guerra mundial, el personaje incluso se volvió medio patriota, dejando de lado sus orígenes anarquistas (como lo haría el mismo Leblanc, quién ha sido llamado “anarquista de poltrona”). No era para menos: después de todo, Francia nos ha dado el ladrón más chocante de todos: François Villon.

Las aventuras de Lupin transcurren en sitios perfectamente franceses, se trate de la provincia (el país de Caux) o de la ciudad. La famosa Aiguille Creuse en verdad existe, en Normandía, aún si no está hueca por dentro.Y ciertamente, no es el norteamericano Robert Langdon –el ya célebre personaje de El Código Da Vinci– el primer policía de antiguos secretos enterrados. Muchas décadas antes, Leblanc había establecido las leyes de este juego de hacer converger ficción y tradición histórica en un fondo misterioso o esotérico (con los criptogramas de rigor) para potenciar así sus tramas con un tono de excitante verosimilitud. ¡Lupin es el más grande detective de la Historia! ¡El candelabro de siete brazos, la fortuna de los reyes de Francia…!Algo más que un simple ratero

¿Por qué Lupin goza de semejante continuidad? ¿Quién diablos es Arsène Lupin?Empecemos por su apariencia física. La primera imagen que se nos presenta: un hombre con capa, bastón, sombrero, y monóculo. ¡Alto! ¿Es ésta la apariencia real de Lupin? ¡Mil veces no! Las primeras ediciones de las historias de Arsène Lupin fueron publicadas en Je sais tout. Las portadas (geniales) estuvieron a cargo de Léo Fontan, quién tuvo a bien darle una apariencia (casi un uniforme) al hombre de las mil apariencias. De alguna forma, ésta es el aspecto que ha quedado para la posteridad: ya saben, la elegancia infinita, la sonrisa cáustica. ¡Raro fenómeno éste de la colaboración!

Pero no hay que confundir la percepción del ilustrador con la verdad literaria. Leblanc jamás nos ofrece un retrato firme de Lupin: todo lo contrario, nos hunde en una masa de trazos ambiguos. Lupin es un personaje morfológicamente encriptado.Es mejor delinear el aspecto interno de Lupin. Sabemos que es una especie de Robin Hood del siglo XX. Roba a los execrables de la sociedad, para dar a los pobres. Defiende justicieramente a las damas en problemas. No matar es su consigna. En fin, un hombre moral, salvo por una cosa: se mueve en la sombra. Pero esta nocturnidad lo protege.
Puesto que ser silencioso es la única manera de no ser moralista.Por otro lado, con Lupin –y aunque él no lo sepa– principia la progresiva marginalización de la figura del detective, que habría de desembocar en la figura del detective decadente, o el superhéroe atrapado en su propia secretividad neurótica (Lupin prefigura a Batman en demasiadas cosas). Pero en Lupin todavía no hay nada de decadente, ni de enfermo: es sólo que ya no se mueve en los límites legales de la sociedad Al contrario, Lupin es un vitalista que se ha despojado del cinturón de castidad de las formas sociales. Un vitalista: un atleta. Maestro de jiu–jitsu, vegetariano.

Por lo menos, lo imaginamos distinto a un redondo Poirot, a un alcohólico Marlowe. Es flexible.Lupin transgresor. ¿Amoral? ¿Indiferente? Nunca. ¿Inmoral? Si la hipocresía es la peor de todas las inmoralidades, entonces Lupin es, por el contrario, Santo. En tal sentido, se enmascara para desenmascarar. En este sentido, se disfraza para desnudar. Es como un fantasma con pase VIP: criatura de la noche, siempre captura al malhechor en sus peores y más fraudulentos momentos. A la vista de lo cuál se indigna, pero con calma, con humor: Lupin es hijo de la Gracia.
Siendo hijo de la Gracia, se deja inundar –penetrar– por arrebatos sentimentales. Un hombre impulsivo, que ha tenido serias relaciones con mujeres deslumbrantes. Es el Seductor, pero también es el Seducido.Nuevas contradicciones. Hay por un lado un culto de parte de Lupin a la ironía, siendo ésta insolente, osada, temeraria, indiferente, etcétera (“La insolencia era fundamental en el atractivo de Oscar Wilde”, nos dice Robert Greene en ese libro divertido, El arte de la seducción), y por el otro Lupin profesa un respeto casi incondicional a lo virginal, lo puro, lo intocado, lo huérfano, lo femenino en su sentido mítico, lo vivo y lo inocente.

Leblanc ha creado un ser humano arquetípico, es decir un hombre contradictorio esencial, esto es: un héroe. ¿Qué hace de Lupin un héroe? El continúo trasvase del amor al cinismo, y del cinismo al amor. Lupin está en perpetua fuga: es un Ladrón. Y todo este complejo huir de un lado al otro, y del otro a éste, lo magnetiza, lo empodera. Nos encontramos con el principio mismo de la fricción. Pero la fricción de Lupin es sobre seda.En efecto, Lupin es un esteta. Un dandi. Un conquistador (prefigura asimismo a James Bond). Su mayor arma es la fascinación.

Es fascinante. Siendo ladrón, es bello. “Le dandysme est le dernier éclat d'héroïsme dans les décadences”, nos dice Baudelaire. ( “El dandismo es el último destello de heroísmo en las decadencias”.) Lupin es un bon–vivant, conocedor de arte, lector de clásicos, de gusto fino y superior (podemos imaginarlo muy cómodo en su automóvil Hispano–Suiza). Sus robos son diseños impecables. Ladrón de guante blanco, roba villas y mansiones, dejando notas sutiles a sus víctimas. Notas como ésta:“Señor baron, hay en la galería que reúne sus dos salones, una pintura de Philippe de Champaigne de excelente factura y que me gusta infinitamente. Sus Rubens son también de mi gusto, así como su pequeño Watteau. En el salón de la derecha, noto un mobiliario Louis XIII (…) P.S. –Sobre todo no me envíe el más grande los Watteau. Aunque haya pagado treinta mil francos por él en el Hotel de las Ventas, no es más que una copia, el original fue quemado, en época del Directorio, por Barras, en una noche de orgía. Consulte las Memorias inéditas de Garat. No me interesa tampoco el broche Louis XV cuya autenticidad me parece dudosa.” (Traducción libre.)

En Lupin se conjugan razón y olfato, deducción y clarividencia. Es un hombre totalmente despierto. Sabe usar todos los recursos –materiales o psicológicos– que se hallan a su alrededor. Es profundamente práctico. Todos, hombres, mujeres por igual, son absorbidos por los modales de Lupin, que para mientras, a sus espaldas, les está robando. Lupin es un ilusionista cuya ilusión es la elegancia. Se sirve de la elegancia para desviar la atención de sus víctimas.¿Clarividencia, hemos dicho? Sí: hay algo de sobrenatural en Lupin, ciertamente. Es como si fuera un mago. Un hechicero que cambia de forma a cada instante. Lupin el proteico.

Soy el que No Soy, nos dice constantemente. Admitamos que la elegancia es un rasgo de Lupin. Ello no nos dice mucho. Puesto que la elegancia no es más que apariencia. Suyo es el arte de cambiar de rostro, de fisonomía, de personalidad. Raoul d’Andrésy, Maxime Bermond, Horace Velmont, Jean Daspry, Désiré Baudru, Chevalier Floriani, Capitaine Janniot, Guillaume Berlat, Michel Beaumont, M. Nicole, Jacques d’Emboise, Paul Daubreuil, Étienne de Vaudreix, Baron Anfredi, Louis Valméras, Baron Raoul de Limézy, Prince Paul Sernine, Don Luis Perenna, Jim Barnett, Baron Jean d’Enneris, Raoul d’Avenac… Sólo algunas de las identidades de Lupin. “Todo lo que es profundo ama el disfraz. Todo espíritu profundo tiene necesidad de una máscara”, nos comenta Nietzsche.

Cuarenta y siete identidades en total. Lupin muere y renace en cada una de ellas.Siendo tantas personas a la vez, la biografía de Lupin, nacido en 1874, es algo enredada. Imposible resumirla aquí. Lo mejor es consultarla directamente en internet. Una versión en inglés es hallable en la siguiente dirección: www.coolfrenchcomics.com/arsenelupintimeline.htm Si bien aún está por hacerse una versión televisiva o cinematográfica concluyente sobre la figura de Arsene Lupin, éste ha gozado de una cierta prosperidad en los medios que bien vale la pena referir. En la televisión, se han concretizado por lo menos cuatro proyectos serios, entre series y folletines.

Podemos hablar de por lo menos diez radioadaptaciones de envergadura en Francia solamente, y otras tantas de teatro, y un resto de películas (de Jacques Becker, Yves Robert, entre otros), la primera datando de 1914, y la última –la más ambiciosa– estrenándose el año pasado: se trata del esperado filme del director francés nacido en 1960 Jean–Paul Salomé, con Romain Duris (CQ), Kristin Scott Thomas (Gosford Park, The English Patient), Pascal Gregory (Juana de Arco), que sin embargo sufrió la indignación general y el embate despiadado de la crítica francesa.
Muy gustosa una reseña en particular, de un tal Yannick Vély. En un momento, dice:
“Hay algo de podrido en el reino del cine de tipo francés, como una putrefacción general que condena las distintas tentativas al fracaso artístico.” Dicho esto, la película es uno de los grandes blockbusters franceses de los últimos tiempos.

Lupin también ha sido recreado por dibujantes muy talentosos, empezando por el ya mencionado Léo Fontan. M.Toussaint, R.Broders ou M.Orazi fueron otros de sus ilustradores. Podemos mencionar asimismo a Marc Berthier, para Gallimard.Entre los cómics, mencionaremos los de Cheylard/Bourdin, los de Blondeau, los de Gilles/Cado, y finalmente los de Duchateau/Géron.En animación, nos encontramos con Les exploits d´Arsène Lupin, de Francois Bresson y Pascal Morelli. Así como el anime japonés Lupin III, extremadamente popular, acerca del nieto de Arsène Lupin.

A cien años de haber nacido, Arsène Lupin, por lo visto, se encuentra muy bien de salud. ¡Las virtudes de ser vegetariano!

jueves, 16 de agosto de 2012

Barnett & Co


Surge una agencia de detectives privados Barnett & Co, que, en un abrir y cerrar de ojos, desenmascara a los culpables, y salvaguarda a los inocentes ... con el detalle que tal agencia no cobra honorarios!


Mientras tantos, los ojos de Bechoux de de Barnett se encontraron. Bechoux apretó los puños, pensando que la agencia Barnett y Cia., tenía una manera muy especial de ser gratuita y comprendiendo cómo Jim Barnett, a pesar de no pedir jamas un céntimo a sus clientes, podía llevar una lujosa vida de detectve privado Se aproximo a él y le dijo:

-Es usted extraordinariamente listo. Es usted digno de Arsenio Lupin.

-¿Que? pregunto Barnett con gran ingenuidad.

-El escamoteo de la carta.

-¿ Lo adininó usted?

-¡Claro!

-Es que colecciono autógrafos de los reyes de Inglaterra.




Las diferentes aventuras de Barnett:

Las cartas de amor del Rey Jorge, La partida de Bacara, El hombre de los dientes de oro, las doce acciones africanas de Bechoux, Guantes blanco... polainas blancas... Bechoux detiene a Jin Barnett.



http://translate.googleusercontent.com/translate_c?hl=es&sl=en&u=http://www.scribd.com/doc/9199054/Maurice-LeBlanc-15-Agencia-Barnett-CIA&prev=/search%3Fq%3DLa%2Bagencia%2BBarnett%2B%2526%2BCia.%2BARSENIO%2BLUPIN%26ndsp%3D20%26hl%3Des%26rlz%3D1T4ADBF_esMX308MX310%26sa%3DN&rurl=translate.google.es&twu=1&usg=ALkJrhhDjt9hS-7crxV3edzQ7yfIKHnIEg

sábado, 12 de mayo de 2012

Y, por último, cinco gotas de atropina

ARSENIO LUPIN, LADRON DE LEVITA, por Maurice Leblanc - TOR - Colección Luciérnaga Nº 30 - 1945 (Tebeos, Comics y Pulp - Pulp)



A pesar de todas las investigaciones, ha sido imposible el reconstruir la identidad de usted. Usted presenta el caso bastante original en nuestra sociedad moderna de no tener ningún pasado. Nosotros no sabemos quién es usted, de dónde viene, dónde transcurrió su infancia,y en resumen, nada. Usted surgió de un golpe, hace tres años, procedente no se sabe exactamente de qué medio, para revelarse súbitamente como Arsenio Lupin, es decir, un extraño compuesto de inteligencia y de perversión, de inmoralidad y de generosidad.

Los datos que poseemos sobre usted antes de esa época son más bien suposiciones. Es probable que el llamado Rostat, que trabajaba hace ocho años al lado del prestidigitador Dickson, no fuera otro que Arsenio Lupin. Es probable que el estudiante ruso que frecuentaba hace seis años el laboratorio del doctor Altier, en el hospital Louis, y que a menudo sorprendió al maestro por el ingenio de sus hipótesis sobre la bacteriología y la audacia de sus experiencias en las enfermedades de la piel, no fuera otro que Arsenio Lupin.

Y Arsenio Lupin era igualmente el profesor de lucha japonesa que se estableció en París mucho antes que aquí se hablase de jiujitsu. Arsenio Lupin, creemos nosotros, era el corredor ciclista que ganó el Gran Premio de la Exposición, cobró los diez mil francos y no volvió a aparecer más. Arsenio Lupin puede ser también aquel que salvó a tantas personas sacándolas por el pequeño tragaluz en el incendio del Bazar de la Caridad... y luego las desvalijó.

Y después de una pausa, el presidente concluyó:

- Así es esta época que parece no haber sido más que una preparación minuciosa para la lucha que usted ha emprendido contra la sociedad, un aprendizaje metódico en el cual usted llevaba al grado máximo su fuerza, su energía y su habilidad. ¿Reconoce usted la exactitud de estos hechos?

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Eran los ojos del otro, la boca del otro, y era, sobre todo, su expresión aguda, vívida, burlona, espiritual, tan clara y tan joven. - ¡Arsenio Lupin! ¡Arsenio Lupin! - balbució Ganimard

Lupin respondió:

Comprenderás muy bien que si yo trabajé dieciocho meses en Louis con el doctor Altier no fue por amor al arte. Pensé que aquel que un día tendría el honor de llamarse Arsenio Lupin debía sustraerse a las leyes ordinarias de la apariencia y de la identidad. ¿La apariencia? Pues esta se modifica a capricho de uno mismo. Una determinada inyección hipodérmica de parafina hincha la piel en el lugar escogido. El ácido pirogálico te transforma en mohicano. El jugo de la celidonia grande te pone manchas y tumores del efecto más feliz. Tal procedimiento químico actúa sobre el crecimiento de tu barba y de tus cabellos, y tal otro sobre el sonido de tu voz. Y suma a todo eso dos meses de régimen alimenticio en la celda número veinticuatro, unos ejercicios mil veces repetidos para abrir mi boca con arreglo a este rictus, para llevar la cabeza conforme a esta inclinación y mi espalda con arreglo a esta curva. Y, por último, cinco gotas de atropina en los ojos para hacerlos hoscos y vagos, y ya está hecho el truco.

Descargar libros de Leblanc http://www.libroos.es/tags/Leblanc%20Maurice.html

jueves, 19 de abril de 2012

Arsenio Lupin ladro gentiluomo



Giovane, bello, affascinante, sfrontato e... ladro. In due parole: Arsenio Lupin, il ladro gentiluomo più famoso del mondo. Le sue avventure, le sue imprese e i suoi amori nel primo romanzo che lo vede protagonista.

sábado, 25 de febrero de 2012

LOS TRES CRÍMENES DE ARSENIO LUPIN




Así pues, era Arsenio Lupin quien dirigía el asunto. Era él quien, desde el fondo de su prisión, ponía en escena la comedia o la tragedia que había sido anunciada en la primera nota. ¡Qué aventura! Había un regocijo general. Con un artista como él, el espectáculo no podía carecer de lo pintoresco y lo imprevisto.

Tres días más tarde podía leerse en el Grand Journal:

El nombre del fiel amigo al que hice alusión me ha sido entregado. Se trata del gran duque Hermann III, príncipe reinante (aunque destronado) del gran ducado de Deux-Ponts-Veldenz, y confidente de Bismarck, de cuya completa amistad gozaba.

Un registro hecho en su domicilio por el conde W., acompañado de una docena de hombres, dio un resultado negativo, pero no por ello quedó menos demostrado que el gran duque estaba en posesión de los documentos.

¿Dónde los escondía? Es una cuestión que probablemente nadie en el mundo sabría resolver en la hora actual.

Yo pido veinticuatro horas de plazo para resolverla.

Firmado:
Arsenio Lupin.

De hecho, veinticuatro horas después apareció la nota prometida.

Las famosas cartas están ocultas en el castillo feudal de Veldenz, capital del gran ducado de Deux-Ponts, castillo en parte devastado en el curso del siglo XIX.

¿En qué lugar exactamente? ¿Y en qué consisten exactamente esas cartas? Tales son los dos problemas que yo estoy entregado a descifrar y cuya solución expondré dentro de cuatro días.



Leer los tres crimenes... dar clic




viernes, 2 de diciembre de 2011

¡Para Lupin el robo es un juego, un juego que le divierte!





El papel desempeñado por los detectives o, de manera más global, por los enemigos de Lupin, quienes le respetan, miden sus fuerzas con él y tratan de hallar una solución que no se base meramente en la fuerza, sino en el ejercicio de la inteligencia.

De manera un tanto somera podemos decir que lo que opone Lupin a sus adversarios, tanto dentro de la justicia como dentro del campo de los detectives privados, aunque en este caso en menor grado, es la utilización de la fuerza bruta, de los medios expeditivos.

Para Lupin el robo, el estar fuera de la ley es un juego, juego que le divierte y que le impone ciertas reglas. Son siempre sus adversarios quienes infringen las reglas, quienes siembran la violencia y quienes acuden a métodos poco ortodoxos para acabar con Lupin.

El triunfo de Lupin sobre Holmes, ese triunfo era además el de la gracia francesa frente a la pesadez británica, era el triunfo del espíritu, de la fineza, sobre el razonamiento lógico, el triunfo del amor, de la intuición sobre la razón empírica, sobre la experiencia limitada de aquel que se halla prisionero de los prejuicios y de una estrecha moralidad.





En el afán de Holmes por domeñar a Lupin, no duda en disparar sobre la hermosa y poética Raymonde de Saint-Verán. Holmes no logra matar la seducción representada por Lupin, pero sí logra asesinar la poesía de esa seducción encarnada por Raymonde. Si todavía nos quedaba alguna duda en cuanto al valor intrínseco de ambos personajes, queda disipada. 


La esbelta figura de Lupin desaparece de nuestra vista llevando en brazos el cuerpo inanimado de Raymonde mientras el asesino contempla impotente la escena. Nada que decir. La gracia vencida por la fuerza. La seducción vencida por la torpeza. Lupin continuará representando, pese a los esfuerzos de los adaptadores españoles, la imagen del perfecto y galante caballero, incapaz de la más mínima torpeza.

Fuente  

miércoles, 30 de noviembre de 2011

L'agence Barnett & Cie





 ¿Quien fue este curioso personaje que se llamaba Jim Barnett, quien estuvo involucrado, 
en los más divertidos casos y las aventuras más fantásticas? 

 ¿Qué es la agencia privada  Barnett y Co. 



El inspector Victor



Víctor de Brigada, a quien los bonos robados de la Defensa Nacional y el doble asesinato del padre Lescot y Masson Elise así como su acción decisiva contra Arsenio Lupin, le dieron una  gran reputacíón
Victor era un policía de edad, inteligente, astuto, agresivo e insoportable, que hacia su  trabajo como un aficionado, cuando "le daba la gana" Víctor un policía caprichoso en la elección de las investigaciones


"El Inspector Víctor, cuyo verdadero nombre es Víctor Hautin, es el hijo de un fiscal, que murió en Toulouse, hace cuarenta años.. Víctor Hautin pasó parte de su vida en las colonias.  Excelente persona, a cargo de sus más delicadas y peligrosas, fue trasladado a menudo por las denuncias presentadas contra él por e los maridos engañados  Estos escándalos le impidió reclamar los primeros puestos de la administración.


Más tranquilo en los últimos años, habiendo heredado una fortuna, pero dispuesto a ocupar su tiempo libre,  me fue recomendado por uno de mis primos que vive en Madagascar, y quetiene a Víctor Hautin en alta estima.  De hecho, a pesar de su edad, a pesar de su independencia y su excesivo carácter, es un servidor discreto valioso.






En el gabinete del señor Beamish ... en medio de un montón de camisas, descubrimos un pañuelo de seda de color naranja y verde ...


- ¿Qué? -dijo, enderezándose.


— - Un pañuelo de seda de color naranja y verde, Yo lo vi ...   en el gabinete del Inglés ... "


De repente, la resistencia de la princesa Basileïef se derrumbó. débil, asustada, con los labios temblando, balbuceó:


"Esto no es cierto ... no es posible! ..."


Él continuó, implacable


"Lo vi allí. Es el velo que buscamos. Usted ha leído los periódicos ... la bufanda Elise Masson siempre la llevaba al cuello. Descubierto en las manos del Inglés, estableció su participación en el delito de Rue de Vaugirard, y la intervención de Arsenio Lupin.


Hay también otras pruebas que revelaran la verdadera personalidad de la otra persona, la mujer ...?


- ¿Qué mujer? dijo entre dientes.


— - Su cómplice? La que nos encontramos en la escalera en el momento del crimen ... el que mató a ... "


Ella se lanzó sobre Víctor, y en un gesto que era a la vez una confesión y un grito de protesta violenta, exclamó:


¡Yo digo que esta mujer no mató ... Tiene un horror del crimen, horror a la sangre y la muerte! ... Ella no la mató! ...


- ¿Quién la mató entonces? "


Ella no contestó.


Confusa en sus sentimientos. Su entusiasmo se desvaneció y dio paso a una tristeza repentina. Con una voz tan débil que apenas podía oírse le susurró:


"Todo esto importa poco. Piensa en mí lo que quieras, no me importa.






Quién es Víctor, el famoso detective de la  Brigada?  Un dandy, atraído por la mujer policía y uno de los más capacess detectives de la policía francesa. El as de la policía de seguridad en París, al igual que Sherlock Holmes en Londres.   

Víctor se opone a otra leyenda viva: Arsenio Lupin, el emperador de los ladrones. Un verdadero choque de titanes, una emocionante aventura, una batalla peligrosa, bajo el doble signo del suspenso y lo inesperado.



 Capítulos:

Corre, corre, el hurón

 La tapa gris

 La amante del barón

 Detención

 La princesa Basileïef

 Los bonos de la defensa

 Cómplices

La gran batalla de Cambridge

 En el corazón del lugar

 El archivo de ALB

 Ansiedad

 El triunfo de Lupin





martes, 1 de noviembre de 2011

La aguja hueca


Inmediatamente, sobre la hierba pisoteada, se observó el paso del fugitivo. En dos lugares se descubrieron huellas de sangre ennegrecida, ya casi seca. Después de la curva de la arcada, que marcaba la extremidad del claustro, ya no había nada, pues la na?turaleza del suelo, tapizado de agujas de pino, no se prestaba a registrar la huella de ningún cuerpo. Pero, entonces, ¿cómo el herido había podido escapar a la vista de la joven, de Victor y de Albert? Unas malezas, que los criados y los gendarmes habían registrado, y unas piedras sepulcrales bajo las cuales habían buscado..., y eso era todo.


El juez de instrucción mandó al jardinero, que tenía la llave, que le abriera la Capilla Divina, verdadera joya de la escultura, que el tiempo y las revoluciones habían respetado, y que siempre fue considerada, con las finas cinceladuras de su pórtico y la menuda multitud de sus estatuillas, como una de las maravillas del estilo gótico normando. La capilla, muy simple en su interior, sin ningún otro ornamento que su altar de mármol, no ofrecía ningún refugio. Por lo demás, en primer lugar, hubiera sido necesario introducirse en ella. ¿Y por qué medio?
La inspección llegó hasta la pequeña puerta que servía de entrada a los visitantes de las ruinas. Aquella daba al camino hondo y cerrado entre el recinto y un bosque cortado con frecuencia, donde se veían canteras abandonadas. El señor Filleul se inclinó: el polvo del camino presentaba marcas de neumáticos con cubiertas antideslizantes. De hecho, Raymonde y Victor habían creído oír, después del disparo de escopeta, el ronquido de un auto. El juez de instrucción insinuó:

–Seguramente el herido se reunió con sus cómplices.

–Imposible –exclamó Victor–. Yo estaba allí, mientras la señorita y Albert lo veían aún.

–Bueno; aun así, es preciso que ese individuo se encuentre en alguna parte. O está dentro o está fuera.
–Está aquí –dijeron los criados con terquedad.

El juez se encogió de hombros y se volvió hacia el castillo con bastante calma. Decididamente, el asunto se presentaba mal. Con un robo en el que nada había sido robado y un prisionero invisible, la cosa no era para sentirse muy satisfecho.

Era tarde. El señor de Gesvres invitó a los magistrados a almorzar, así como a los dos periodistas. Co?mieron en silencio, y luego el señor Filleul regresó al salón, donde interrogó a los criados. Pero por el lado del patio resonó el trote de un caballo, y un momento después el gendarme a quien habían enviado a Dieppe penetró en la estancia.

–Bien. ¿Ha visto usted al sombrerero? –exclamó el juez, impaciente por obtener al fin algún informe.

–La gorra le fue vendida a un chófer.

–¡A un chófer!

–Sí, a un chófer que se detuvo con su coche de?lante del establecimiento y que preguntó si po?dían proporcionarle para un cliente suyo una gorra de chófer, de cuero amarillo. Quedaba ésta. La pagó sin siquiera preocuparse de la medida y se marchó. Tenía mucha prisa.

–¿Y de qué clase era el coche?

–Un cupé de cuatro asientos.
–¿Y qué día fue eso?

–¿Qué día? Pues esta misma mañana.

–¿Esta mañana? ¿Qué es lo que usted dice?

–Que la gorra fue comprada esta mañana.

–Pero eso es imposible, puesto que fue encontrada esta noche en el parque. Para ello hubiera sido preciso que hubiese sido comprada con anterioridad.

–Pues fue esta mañana. Me lo dijo el sombrerero.

Hubo unos instantes de desconcierto. El juez de instrucción, estupefacto, trataba de comprender. De pronto dio un salto, iluminado por un rayo de luz.

–Que traigan aquí al chófer que nos transportó esta mañana.
El brigadier de la Gendarmería y su subordinado corrieron presurosos hacia las caballerizas. Al cabo de unos minutos el brigadier regresaba solo.

–¿Y el chófer?
–Hizo que le sirvieran de comer en la cocina, almorzó y después...
–Después, ¿qué?

–Después desapareció.

–¿Con su coche?

–No. Con el pretexto de ir a ver a un pariente en Ouville, pidió prestada la bicicleta del palafrenero. Aquí están su gorra y su chaqueta.

–Pero ¿no se fue con la cabeza descubierta?

–Sacó del bolsillo una gorra y se la puso.
–¿Una gorra?
–Sí, una gorra de cuero amarillo, al parecer.

–¿De cuero amarillo? No puede ser, porque está aquí.

–En efecto, señor juez de instrucción, pero la suya es igual.

El fiscal suplente sonrió ligeramente con sorna.

–¡Muy gracioso! ¡Muy divertido! Hay dos gorras... Una, que era la verdadera y que constituía nuestro único elemento de prueba, se fue sobre la ca?beza del seudochófer. La otra, la falsa, la tiene usted entre las manos. ¡Ah! Ese magnífico sujeto nos la ha jugado limpiamente.

–¡Que lo capturen! ¡Que lo traigan aquí! –gritó el señor Filleul–. Brigadier Quevillon, que salgan dos de sus hombres a caballo y al galope.

–Ya está lejos –comentó el fiscal suplente.

–Por lejos que esté, es completamente preciso que le echen la mano.

–Yo así lo espero, pero creo, señor juez de instrucción, que nuestros esfuerzos deben concentrarse sobre todo aquí. Tenga la bondad de leer el papel que acabo de encontrar en los bolsillos del abrigo.

–¿De qué abrigo?

–El del chófer.

Y el fiscal suplente le tendió al señor Filleul un papel doblado en cuatro en el que podían leerse estas breves palabras escritas a lápiz y con una letra un tanto vulgar:

"Ay de la señorita, si ha matado al patrón"

martes, 16 de agosto de 2011

El detective ingles, el ladrón frances

Lupin:  ingenioso, encantador, brillante, astuto. . .


La genialidad de Leblanc fue sin duda enfrentar al detective ingles, que personifica la observación y la deducción, en contra de un ser como Lupin: imaginativo y lleno de recursos.


Una de las historias que forman parte del imaginario colectivo dentro de la novela policiaca:
el encuentro entre dos de las mentes más sagaces de la vieja Europa.



 Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes nos relata un enfrentamiento formal entre dos fuerzas de gran inteligencia y llenas de una voluntad de triunfo.

 Conan Doyle envió una carta, escribiendo su inconformidad y enojo, por haber hecho Leblanc, uso de su
personaje, en sus novelas.



Aunque Sherlock Holmes ignora que la Tierra gira alrededor del Sol,
es el arquetipo de investigador cerebral, además de un hábil observador de razonamiento deductivo
y de mirada aguda y penetrante.. y como Lupin un mago del disfraz.



Por cierto, lejos de lo que se cree, la frase ¡Elemental mi querido Watson! no se origino en los escritos del Doctor Arthur Conan Doyle, sino muchos años después. Se ideo en los parlamentos, de la películas, del actor Basil Rathbone, quien fue quien mejor ha interpretado a Sherlock Holmes


viernes, 12 de agosto de 2011

La mujer de las dos sonrisas.

LA MUJER DE LAS DOS SONRISAS / MAURICE LEBLANC / SERIE NEGRA /  (Libros de lance (posteriores a 1936) - Literatura - Narrativa - Terror, Misterio y Policíaco)


—Si tú tienes miedo yo, por el contrario, me divierto. ¿Crees que después de haberte vuelto a encontrar dejaré que este bruto te atrape? Vamos, ríe, Clara, estás en el espectáculo. Y es cómico.


Los dos batientes se abrieron de golpe. Con tres saltos, Gorgeret entró hasta el umbral de la sala, empuñando el revólver.

Raoul estaba plantado frente a la muchacha, ocultándola.

—¡Arriba las manos o disparo! —gritó furioso Gorgeret.

Raoul, que estaba a cinco pasos de él, bromeó:

—¡Qué vulgar eres! ¡Siempre la misma fórmula idiota! ¿Acaso crees que vas a disparar contra mí, Raoul?

—¡Contra ti, Lupin! —exclamó Gorgeret triunfante.

—¡Ah! ¿Sabes mi nombre?

—Así pues, ¿confiesas?

—Siempre se confiesan los títulos de nobleza.

Gorgeret repitió:

—Arriba las manos o si no disparo.

—¿Incluso sobre Clara?

—Incluso si ella estuviera aquí.

—Ella está aquí, cretino.

Los ojos de Gorgeret saltaron de sus órbitas. Su brazo cayó. ¡Clara! ¡La pequeña rubia que acababa de entregar al marqués d'Erlemont! ¿Era posible aquello...? No. Enseguida la cosa le pareció fuera de toda posibilidad. Si verdaderamente era Clara, y lo era, sobre eso no había duda, entonces tenía que llegar a la conclusión que la otra mujer...

—Vamos —bromeó Raoul—. Caliente, caliente. Todavía un pequeño esfuerzo y ya está. ¡Claro que sí, estúpido! Hay dos... una que llegaba de su pueblo y a la que tú te dedicaste, confundiéndola con Clara, y la otra...

—La amante del gran Paul.

—¡Qué imbécil! —respondió Raoul—. Se diría que eres el marido de la adorable Zozotte.

Gorgeret, furioso, estimulando a sus hombres, vociferó:

—¡Agarradme a ese tipo! ¡Si te mueves te tumbo de un disparo!

Los dos hombres se lanzaron contra él. Raoul saltó sobre sí mismo. Ambos recibieron un puntapié en el vientre. Retrocedieron.

—Esta es una broma de mi estilo —gritó Raoul—. El truco del doble zapato.

Sonó un disparo pero Gorgeret había tirado de manera que la bala no alcanzara a nadie. Raoul estalló en una carcajada.

—¡Has estropeado mi cornisa! ¡Qué estúpido! Eres demasiado imbécil y te has lanzado a la aventura sin tomar precauciones. Adivino lo que ha pasado. Alguien te ha comunicado mi dirección y tú has corrido hacia aquí como un toro que ve rojo. Te harían falta veinte de tus camaradas, compañero.

—¡Habrá cien, mil! —gruñó Gorgeret, volviéndose al oír el ruido de un coche que se detenía en la calle.

—Tanto mejor —dijo Raoul—. Ya me empezaba a aburrir.

—Esta vez estás perdido.

Gorgeret quiso salir de la sala para dar instrucciones a los refuerzos. Cosa extraña. La puerta, que desde el principio se había cerrado a su espalda, no se abría a pesar de sus esfuerzos.

—No te canses, compañero —le aconsejó Raoul—. La puerta se cierra con llave sola. Y es maciza. De madera de ataúd.

En voz baja le dijo a Clara:

—Cuidado, querida. Fíjate en lo que va a pasar ahora.

Corrió hacia lo que quedaba del antiguo tabique que habían suprimido para convertir las dos habitaciones en una sola.

Gorgeret, comprendiendo que perdía el tiempo, se decidió a terminar el asunto sin importarle el medio. Volvía al ataque gritando:

—¡Disparad sobre él, matadle! ¡Va a escapar!

Raoul apretó un botón y, mientras los agentes preparaban sus armas, un telón de acero cayó del techo limpiamente, como una maza, separando la pieza en dos, mientras que los postigos se cerraban desde el interior.

—¡Crac! ¡Crac! —bromeó Raoul—. ¡La guillotina! Gorgeret tiene el cuello cortado. ¡Adiós, Gorgeret!

Tomó de encima del bufet una botella y llenó de agua dos vasos.

—Bebe, querida.

—Vámonos, huyamos —dijo ella asustada.

—No temas, muñeca.

Insistió en que bebiera mientras vaciaba su vaso Estaba muy tranquilo y no vacilaba.

—¿Les oyes, al otro lado? Están en el bote, como las sardinas. Cuando cae el telón, los postigos se bloquean automáticamente. Los hilos eléctricos se cortan. La oscuridad es total. Una fortaleza impenetrable desde el exterior y una cárcel desde el interior. ¿Qué le parece?

Pero la muchacha no tenía el ánimo dispuesto para el entusiasmo. Raoul la besó en la boca, lo que la animó.

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domingo, 31 de julio de 2011

La señorita de los ojos verdes.

¡La señorita de los ojos verdes! ¡La más graciosa y la más seductora mujer que nunca había encontrado, surgía de la sombra criminal! ¡La más radiante imagen aparecía bajo aquella máscara innoble de ladrona y asesina! ¡La señorita de los ojos color verde de jade, hacia quien su instinto de hombre le había empujado desde el primer instante y que ahora volvía a encontrar, con aquella blusa manchada de sangre, con el rostro desencajado, en compañía de dos temibles asesinos y, al igual que ellos, asaltando, asesinando, sembrando la muerte y el terror!






—¿Oiga, la prefectura? Póngame en comunicación con el señor Philippe. De parte del señor Marescal.

Entonces, volviéndose hacia la muchacha, le aplicó al oído el receptor libre.

Aurélie no se movió.

Al otro extremo de la línea, una voz replicó. El diálogo, fue breve.


—¿Eres tú, Philippe?

—¿Marescal?

—Sí. Escucha. Junto a mí hay una persona a quien querría dar una certidumbre. Responde claramente a mis preguntas.

—Habla.


—¿Dónde estabas esta mañana, al mediodía?

—En el calabozo de la prefectura, como me habías pedido. He recibido al individuo que Labonce y Tony traían de tu parte.

—¿Dónde le habíamos arrestado?

—En el apartamento de la calle de Courcelles, donde vive, frente mismo de la casa de Brégeac.

¿Lo han registrado?

—Ante mí.

—¿Bajo qué nombre?

—Barón de Limézy.

—¿Inculpado de qué?

—De ser el jefe de los bandidos del asunto del rápido.

—¿Le has visto desde esta mañana?

—Sí, ahora mismo en el servicio antropométrico. Está todavía allí.

—Gracias Philippe. Es todo lo que quería saber. Adiós. —Colgó el receptor y exclamó:

—¡Ves, mi bella Aurélie, donde está el salvador! ¡Encerrado! ¡Esposado!

Ella pronunció:

—Ya lo sabía.

Marescal lanzó una carcajada:

—¡Lo sabía! ¡Y, sin embargo, le esperaba! ¡Ah, es curioso! ¡Tiene toda la policía y toda la justicia a sus espaldas! ¡Es un pingajo, un harapo, una brizna de paja, una pompa de jabón, y todavía le espera! ¡Los muros de la prisión se derrumbarán! ¡Los guardias le traerán hasta aquí en automóvil! ¡Helo aquí! ¡Entrará por la chimenea, por el techo!

Estaba fuera de sí y sacudía brutalmente a la muchacha por la espalda, pero ella permanecía impasible y distraída.

—¡No puedes hacer nada, Aurélie! ¡Ya no te queda esperanza! El salvador está perdido. El barón está emparedado. Y dentro de una hora, te habrá llegado el momento, mi preciosa. ¡Te cortarán el pelo! ¡Saint-Lazare, el tribunal! ¡Ah, pillina! Ya he llorado bastante por tus hermosos ojos verdes, ahora les toca el turno a ellos...

No terminó la frase. Detrás de él Brégeac se había levantado y le había agarrado el cuello con una de sus manos febriles. El acto había sido espontáneo. Desde el primer segundo en que Marescal había tocado el hombro de la muchacha, Brégeac se había deslizado hacia él, trastornado por tal ultraje. Marescal se inclinó bajo aquel impulso y los dos hombres rodaron por el suelo.

El combate fue encarnizado. Uno y otro ponían una rabia que su rivalidad odiosa exacerbaba; Marescal era más vigoroso y más poderoso, pero Brégeac actuaba con tal furor que el desenlace fue incierto durante mucho tiempo.

Aurélie les miraba con horror, pero no se movía. Ambos eran enemigos suyos, igualmente execrables.

Por fin Marescal, que se había sacudido la garra de aquellas manos asesinas, intentaba visiblemente alcanzar su bolsillo para sacar el browning. Pero el otro le torcía el brazo y todo lo que pudo hacer fue sacar su silbato que colgaba de la cadena del reloj. Resonó un silbido estridente. Brégeac redobló sus esfuerzos para agarrar de nuevo a su enemigo por el cuello. La puerta se abrió. Una silueta saltó y se precipitó sobre los adversarios. Casi en el momento en que Marescal se vio libre, Brégeac vio a diez centímetros de sus ojos el cañón de un revólver.

—¡Bravo Sauvinoux! —gritó Marescal—. El incidente le será tenido en cuenta, amigo mío.

Su cólera era tan aguda que cometió la cobardía de escupir sobre el rostro de Brégeac.

—¡Miserable! ¡Bandido! ¿Y te imaginas que te verás libre por tan poco precio? Tu dimisión para empezar, y a continuación... El ministro lo exige... La tengo en el bolsillo. No tienes más que firmar.

Exhibió un papel.

—Tu dimisión y las confesiones de Aurélie. Lo he redactado todo de antemano... Tu firma, Aurélie... Toma, lee...: «Confieso que he participado en el crimen del rápido, el 26 de abril último, que he disparado sobre los hermanos Loubeaux... Confieso que...» En fin, toda la historia resumida... No vale la pena leerla... ¡Firma! ¡No perdamos tiempo!

Había mojado su pluma de tinta y se obstinaba en hacérsela coger por la fuerza.

Lentamente, Aurélie separó la mano del comisario, cogió la pluma y firmó, según la voluntad de Marescal, sin tomarse la molestia de leer. Rubricó. La mano no temblaba en absoluto.

—¡Ah! —exclamó él con un suspiro de alegría—. ¡Ya está! No creía que iría tan rápido. Una buena actitud, Aurélie. Has comprendido la situación. ¿Y tú, Brégeac?

Sacudió la cabeza. Se negaba a firmar.

—¡Vaya! ¿Con que ésas tenemos? ¿El señor no quiere? ¿El señor se figura que va a permanecer en su puesto? ¿Por el honor de ser el padrastro de una criminal, quizá? ¡Ah, ésta sí que es buena! ¿Y continuarás dándome órdenes, Brégeac, a mí, a Marescal? ¡No me digas! ¡Se te ocurre cada cosa, camarada! ¿Crees acaso que el escándalo no será suficiente para desarmarte y que mañana, cuando se lea en los periódicos el arresto de la pequeña tú no te verás obligado a...?

Los dedos de Brégeac se cerraron alrededor de la pluma que Marescal le tendía. Leyó el texto de dimisión. Vaciló.

Aurélie le dijo:

—Firme, señor.

Firmó.













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viernes, 8 de abril de 2011

¡A lo Lupin!


La princesa de Cleves

Stephane Bretwies

Entre 1995 y 2002, este alsaciano ha recorrido los museos, galerías y castillos de toda Europa, para acumular en su sala de 230 obras de arte. Entre su fabuloso botín destaca la obra Sybille La princesa de Cleves y Cranach el Viejo, robado en 1995 en un museo de Baden-Baden. El trabajo se estima en 5 millones de libras.

Un total de 110 obras de su colección fueron encontrados en casa de su madre, quien desconocía el origen de los cuadros Estos permanecían en cuarto oscuro para que la luz no los estropeara.

Su cómplice en los robos fue su novia que distraía a los guardias. El escenario de sus robos eran museos rurales con poca vigilancia. En enero del 2005, este cleptómano fue condenado a tres años de prisión. Después de años, Breitwieser fue responsable, por sí sólo, de la mitad de los robos en los museos franceses.

Stéphane Breitwieser declaro que el no roba por motivos lucrativos Se definió a sí mismo como un connoisseur del arte que robaba para formar su propia colección personal, centrada en los grandes maestros de los siglos XVI-XVII.

En su juicio, llegó declarar ante el juez: "Me gusta el arte. Amo las obras de arte como éstas. Las reuní y las guardé en mi casa"

El Arsenio Lupin de los museos cuenta que todo inicio en el año de 1995 en el mes de julio. El y su novia Anne-Catherine Kleinklauss paseaban por el castillo medieval de Gruyères él quedo atrapado por la mirada de una mujer pintada por Christian Wilheim Dietrich Fascinado por su belleza y por las cualidades de la mujer del retrato, asi como por sus ojos, robo el cuadro.

Mientras su novia vigilaba, él extrajo los clavos que sujetaban el cuadro en su marco y lo ocultó bajo su chaqueta y al poco se marcharon.

Aunque logró reunir una sobresaliente colección, nunca intentó vender ninguna obra por lucro, y se conformaba con disfrutar de ser "el hombre más rico de Europa" Cuando supo que una de las piezas robadas, atribuida a Van der Helst era falsa la quemó.



Retrato de Stephane Bretwies

domingo, 3 de abril de 2011

Las aventuras de Lupin

El collar de la Reina 1880, La Sra. Imbert 1892, La condesa de Cagliostro 1894 .

-El anillo de bodas 1899.

1901: La detención de Arsenio Lupin y Arsenio Lupin en la cárcel.

1902: El escape de Arsenio Lupin, El viajero misterioso, El siete de corazón, La Perla Negra y Sherlock Holmes llega demasiado tarde.

1903: Le Bouchon de Cristal , El matrimonio de Arsenio Lupin, La trampa infernal, La paja y El pañuelo de seda roja.

1904: La muerte que acecha, La Dama rubia (Arsenio Lupin contra Sherlock Holmes)

1905: El signo de la sombra -El juego de la luz solar y La muchacha de ojos verdes.

1906: El cabujón de esmeralda ,  La Agencia Barnett & Co.

"La mujer de la dos sonrisas 1907.

El sigue siendo un misterio 1908.

La lámpara judía 1913  (Arsenio Lupin contra Sherlock Holmes)

La aguja hueca 1909.

Bar-y-va 1910.

Los ocho campanadas del reloj 1911.

813  1912.

Los tres crímenes de Arsenio Lupin1914.

La metralla 1915.

El triángulo de Oro 1917.

La isla de treinta ataúdes 1919.

1923: Los dientes del tigre y Víctor de la Brigada de Mondaine.

La venganza Cagliostro 1924.

Los millones de Arsenio Lupin 1926.

El amor pasado de Arsenio Lupin 1928.

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Leer Arsenio Lupin contra Sherlock Holmes:
http://www.wattpad.com/303172-arsenio-lupin-contra-herlock-sholmes?









La Editorial Tor de argentina en los años 40, dentro de su Serie Amarilla Policial publico casi toda la obra de Leblanc...  las aventuras de Lupin.

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